lunes, 11 de noviembre de 2019

La crisis climática y el futuro de los alimentos


Mauro Libi Crestani

Mientras el avance tecnológico continúa abriendo caminos para proporcionar salud y bienestar a la humanidad, el cambio climático nos coloca frente al reto de producir mayor cantidad de alimentos y de manera sustentable.

El escenario presenta, por una parte, un aumento poblacional estimado en unos 9 mil millones de personas en el mundo a mediados de siglo, una condición que obliga a incrementar los cultivos.

En contraparte, tenemos un cambio climático signado por calor, sequía e inundaciones que amenazan la disponibilidad del agua necesaria.

¿Cómo enfrentar este reto?

Parte de la respuesta se plantea en la más reciente publicación de Amanda Little:The Fate of Food” donde toca diversos aspectos a tomar en cuenta para ser más asertivos en el abordaje de la crisis climática y su relación con la producción de alimentos.

Según la reconocida profesora de la Universidad de Vanderbilt y periodista, el desafío es doble: Resolver los problemas existentes de la agricultura industrial al tiempo que nos preparamos para las presiones que tenemos por delante.

A través de su obra, Little explora cómo podemos satisfacer esta creciente demanda y, si no podemos, «¿Qué tan mal estamos exactamente?»

La investigadora advierte que el calor, las sequías, las inundaciones, los incendios forestales, las estaciones cambiantes y otros factores, alterarán radicalmente nuestro panorama alimentario: lo que comemos, dónde está hecho, cómo lo pagamos y las opciones que tenemos.

De ahí que insista en la necesidad de reinventar todo el sistema alimentario mundial y adaptarnos al clima cambiante.

Indagaciones y advertencias en buen momento

La catedrática expone una serie de interrogantes para reflexionar.

¿Pueden los OGM ser realmente buenos para el medio ambiente y para nosotros?

¿Estamos ante el final de la carne animal?

¿Qué se necesitará para eliminar los químicos nocivos de la agricultura?

¿Cómo puede un suministro de alimentos limpio y resistente al clima ser accesible para todos?

Además, enciende las alarmas sobre la demanda de alimentos, la degradación de los recursos naturales indispensables para lograrlo, como el agua dulce y los suelos saludables, así como la incertidumbre que causan estos cambios en los sistemas agrícolas.

Una experiencia enriquecedora

Amanda Little, pasó tres años viajando por varios países buscando respuestas a la pregunta sobre la crisis climática y el futuro de los alimentos.

Exploró desde un huerto de manzanas en Wisconsin hasta una granja orgánica de control remoto en Shanghai, desde granjas de peces noruegas hasta regiones de Etiopía afectadas por el hambre.

En su periplo, conoció lugares claves para entender este fenómeno, tales como una planta de aguas residuales de California y un laboratorio de investigación del ejército de los Estados Unidos.

A través de sus entrevistas y aventuras con granjeros, científicos, activistas e ingenieros, Little tuvo la oportunidad de comparar enfoques sobre la producción de alimentos, al tiempo que definió un movimiento que podría redefinir la alimentación sostenible a gran escala.

jueves, 17 de octubre de 2019

Agricultura regenerativa para preservar la biodiversidad



Pensar en grande también implica grandes responsabilidades, mucho más cuando se trata de la producción de alimentos ya que no solo implica satisfacer una necesidad vital a la humanidad, sino que también es preciso realizarlo en equilibrio con la sostenibilidad y la conservación del medioambiente.

Esta reflexión tiene que ver con un informe reciente de la FAO donde se severa que de las 6 mil especies de plantas cultivadas para la alimentación, solo 9 representan el 66% del cultivo total producción.

Junto a esta realidad, existe una mayor consciencia, por parte de los productores sobre su dependencia de la biodiversidad del planeta para proveerse de los insumos necesarios para los sectores de alimentos, textiles y cuidado personal.

Entretanto los consumidores lucen como un frente empoderado y bien informado, que se sabe influyente y determinante a la hora de elegir productos que cumplan con su compromiso socioambiental.

Surge la “One Planet Business for Biodiversity” (OP2B)


Esa necesidad impostergable de impulsar la biodiversidad cultivada dio lugar a que 19 empresas de alto impacto en la agricultura, junto con el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD) se organizaran para dar lugar al "One Planet Business for Biodiversity" (OP2B), presentado durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre la acción climática por Emmanuel Faber, presidente y director ejecutivo de Danone.

Ellas asumen el compromiso de tomar acciones tangibles, de forma individual y colectiva, para desarrollar soluciones innovadoras destinadas a proteger y mejorar la biodiversidad en los sistemas agrícolas.

Balbo Group, Barry Callebaut, DSM, Firmenich, Google, Jacobs Douwe Egberts, Kellogg Company, Kering, Livelihoods Funds, L’Oreal, Loblaw Companies Limited, Marte, Migros Ticaret, McCain Foods, Nestlé, Symrise, Unilever y Yara. Juntas, venden productos en más de 120 países y han combinado ingresos totales de alrededor de USD $ 500 mil millones.

Iniciativas como ésta sería la primera de muchas por venir. Por el momento, OP2B tiene la clara intención de implementar estas soluciones para transformar sus cadenas de valor estratégicas y darle impacto a gran escala, trabajando en colaboración entre los sectores empresarial, público y de la sociedad civil, mientras fomentan un enfoque inclusivo que capacite a los productores y consumidores.

3 áreas de enfoque

1.   Ampliar las prácticas de agricultura regenerativa. Esto significa incentivar las modalidades alternativas que aprovecharán el poder de las plantas para mantener el carbono en el suelo (secuestro de carbono), aumentar la capacidad de los suelos para retener agua, mejorar la resistencia de sus cultivos, mantener el sustento de sus agricultores y recuperar la densidad de nutrientes de los alimentos, mientras disminuye la dependencia de insumos sintéticos.

2. Desarrollar carteras de productos para impulsar la biodiversidad cultivada y aumentar la capacidad de recuperación de los modelos de alimentación y agricultura
Aumentar la cantidad de ingredientes obtenidos para que no dependamos solo de un puñado de cultivos, además desarrollando fuentes locales y basadas en la procedencia, así como aumentar la variedad genética de los cultivos para recuperar la diversidad alimentaria y la especificidad localizada de la biodiversidad en la agricultura como una poderosa palanca para proteger y nutrir la biodiversidad.


3. Eliminar la deforestación, mejorar la gestión, restauración y protección de ecosistemas naturales de alto valor
Definir acciones específicas que puedan proteger y restaurar los ecosistemas más frágiles y ricos en biodiversidad del mundo, incluyendo praderas, humedales y bosques e informar de manera transparente sobre el progreso y el impacto.

Aunque se trata de un proyecto a largo plazo, los resultados parciales comenzarían a verse a partir de junio de 2020 cuando desarrollarán un compendio de soluciones sistémicas, significativas y medibles que pueda ser implementado por los miembros de OP2B en sus cadenas de valor.

Igualmente se tiene previsto que para octubre de 2020 presenten los compromisos cronometrados y medibles durante el CDB COP15, junto con propuestas de políticas que ayudarían a lograr excelentes resultados.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Inocuidad alimentaria, una responsabilidad compartida




Uno de los temas internacionales de actualidad que llaman mi atención y que está relacionado con nuestra labor en el Grupo Libi tiene que ver con la inocuidad de los alimentos vista como una responsabilidad compartida tanto por los productores como por los procesadores y consumidores.

Según los registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cerca de 600 millones de personas enferman y 420.000 mueren debido al consumo de alimentos contaminados por bacterias, virus, parásitos o sustancias químicas. Además de los daños a la salud, provocan graves pérdidas económicas, especialmente a los países de ingresos bajos y medios.

Así mismo asegura que los alimentos nocivos obstaculizan el desarrollo de muchas economías de ingresos bajos y medios, causándoles pérdidas en productividad estimadas en 95.000 millones de dólares debidas a enfermedades, discapacidades y muertes prematuras. Todo dentro del negocio de la alimentación que mueve 1,6 billones dólares, lo que equivale al 10 por ciento del comercio total anual a nivel mundial.

La determinación por combatir esta amenaza ha llevado a que Naciones Unidas se haya erigido como líder de esta cruzada para fomentar la inocuidad alimentaria a través de dos de sus organismos: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Organización Mundial de la Salud.


Inocuidad alimentaria como requisito para alcanzar los ODS

Para la magister Gloria Tropea, responsable de la licenciatura en Alimentos de la Universidad Católica de Cuyo UCCuyo, "La inocuidad de los alimentos -incluyendo el agua- es un requisito para la salud pública, y se refiere a la ausencia de todo tipo de peligro (biológico, físico y químico) en los mismos".

Recordó que “los peligros pueden llegar a los alimentos desde diversas fuentes -manipulador, ambiente, utensilios, agua, origen del alimento-, por malas prácticas en la producción primaria, mal uso de productos químicos -como aditivos, desinfectantes, plaguicidas y alergenos entre otros; la falta de controles durante el proceso o materias primas contaminadas, entre otras".

La especialista precisó que "Como punto de partida es importante comprender que las Buenas Prácticas Agrícolas BPA y las Buenas Prácticas de Manufacturas BPM son un conjunto de principios, normas y recomendaciones técnicas, que nos permiten controlar los peligros minimizando los riesgos de ocurrencia y garantizando que se adopten las medidas de control y prevención aplicables a la producción, procesamiento y transporte de alimentos".

Por otra parte, el Director del Departamento de Prácticas Mundiales de Alimentación y Agricultura del Banco Mundial, Simeon Ehui, advirtió que “La inocuidad de los alimentos es un requisito de la seguridad alimentaria. Está vinculada, directa o indirectamente, al logro de muchos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), especialmente los dirigidos a poner fin al hambre y la pobreza, y promover la salud y el bienestar. La seguridad alimentaria y nutricional se logra únicamente cuando los elementos esenciales de una dieta saludable no dañan la salud los consumidores”. 


Medidas para garantizar la inocuidad alimentaria

Por toda su importancia e implicaciones en la salud y bienestar de la población mundial, considero de vital importancia seguir la guía publicada por la ONU en la que se incluyen cinco medidas que deben observar todas las partes implicadas en la cadena de distribución alimentaria.

1. Garantizar que los alimentos no son peligrosos
Los gobiernos deben asegurar la inocuidad de los alimentos fomentando una agricultura y unos sistemas alimentarios sostenibles, y apoyando la colaboración entre los sectores de la sanidad pública, la sanidad animal y la agricultura, entre otros. Adicionalmente, pueden seguir las normas dictadas por la Comisión del Codex Alimentarius.

2. Cultivar sin riesgos
Los productores agrícolas y de alimentos tienen que adoptar buenas prácticas minimizando el impacto ambiental y adaptándose al cambio climático.

3. Manipular los alimentos con cuidado
Las empresas deben garantizar que el almacenamiento, transporte y procesado de alimentos sean efectuados de forma inocua.

4. Confirmar que sean inocuos
Los consumidores necesitan tener acceso a información oportuna, clara y fiable de los riesgos nutricionales y enfermedades asociadas con sus elecciones alimentarias. “Invertir en educar al consumidor sobre la inocuidad alimentaria tiene el potencial de reducir las enfermedades transmitidas por los alimentos y generar ahorros de hasta diez veces por cada dólar invertido”.

5. Trabajar simultáneamente
Tanto gobiernos, como los organismos económicos regionales, las organizaciones de las Naciones Unidas, las agencias de desarrollo, las organizaciones comerciales, los grupos de consumidores y productores, las instituciones académicas y de investigación, y las entidades del sector privado, han de colaborar de manera conjunta sobre los temas relacionados con la inocuidad de los alimentos.